
Desesperados por la falta de pistas y con el hallazgo del cuerpo de Marta como única obsesión, los investigadores de la Policía llegaron a inspeccionar las ubicaciones marcadas por estos adivinos, que orientaban a los agentes en sus búsquedas y que se mostraron convencidos de que los restos de Marta se hallaban donde ellos indicaban, según han indicado a este periódico fuentes judiciales.
Antes de recurrir a estos métodos alternativos, los agentes del Grupo de Menores (Grume) -unidad que ha llevado la investigación del caso desde el primer momento- rastrearon más de un centenar de lugares en busca del cuerpo de Marta, según consta en un informe elaborado por el anterior jefe de la brigada provincial de Policía Judicial, el comisario Manuel Piedrabuena. En aquel documento, la Policía informaba al juez de Instrucción 4 de Sevilla, Francisco de Asís Molina, de que se habían realizado más de cien búsquedas en pozos, arquetas, zanjas, edificios abandonados y canales de las provincias de Sevilla, Cádiz y Huelva.
Algo que venía de lejos
Asociaciones de familiares de desaparecidos denunciaron en su día el ‘acoso’ que sufrían por parte de falsos médiums. Antonio del Castillo, padre de la adolescente desaparecida, recibió más de 100 llamadas de una vidente. Por eso, informaba entonces La Gaceta, la asociación SOS Desaparecidos recomienda a las familias que deriven a la Policía estas llamadas.
“Los niños están con su padre pero muertos y el padre quiere hacer magia negra con sus cabezas, por favor no avise a la asociación y lleve el caso de manera directa con nosotros. Envíenme dos prendas de los desaparecidos y 50 euros para gastos de velas y gasolina para desplazarme al lugar”.
Es uno de los cientos de emails que reciben a diario familias que tienen hijos o nietos desaparecidos.
Muchos de estos los reenvían a la asociación SOS Desaparecidos o a la propia Policía, pero otros, sumidos en la desesperación, se agarran a un clavo ardiendo y caen en las redes de los videntes.
Ellos ofrecen algo, lo cual es mejor que nada. Les toman de la mano, les masajean la psiquis y les convencen de que la única cosa que separa a los progenitores de su don extraordinario es su dinero.
Los anzuelos de los farsantes

Unos les piden dinero –en un ejemplo de la sádica crueldad de quienes intentan lucrarse del tormento de una familia–, otros son visionarios o enajenados y tal vez uno o dos pudiesen ofrecer alguna pista útil, pero, ante la imposibilidad de discernir entre unos y otros, el consejo de la asociación siempre es el mismo: que deriven a la Policía todas esas llamadas o a la asociación y que no hagan el menor caso de ellas. “De hecho, siempre recomendamos que en los carteles de la desaparición no incluyan sus teléfonos particulares porque la experiencia nos dice que terminarán cambiando de número”, narra Jiménez.
Casos como el de Antonio del Castillo son especialmente flagrantes, ya que la familia llegó a recibir más de 100 llamadas de una médium que decía saber dónde estaba el cuerpo de Marta. “Hasta que, a la llamada 101, la denunciamos. Se puso en contacto con un equipo de rescate subacuático e intentó vender la búsqueda a un canal de televisión. Fue la gota que colmó el vaso”, explica Jiménez.
Los abuelos son el punto de mira de farsantes y videntes. “Son los más vulnerables y las personas que llaman suelen tener mucha información de la persona desaparecida. Generalmente la recopilan en los medios”.
¿Policías movilizados por un vidente?

Recientemente se ha hablado de una vidente valenciana. El año pasado se dijo que la vidente vasca María José Bermejo ayudó en la búsqueda del cuerpo de Marta del Castillo tras haber tenido una visión de que el cadáver se hallaba en una finca. Avalada por la Ertzaintza, con la que ya había colaborado en otros casos de desaparecidos, la mujer acudió a Sevilla para unirse al equipo de la Policía que estaba buscando a la joven de 17 años, tal como informaba Qué.es y la revista Interviú.
Allí señaló una finca de olivos muy cercana a Sevilla en un mapa y aseguró que el cuerpo de la chica desaparecida estaba junto a una piedra que tenía un número marcado en el suelo, bajo el olivo número 26 contando desde la entrada de la finca. Con un péndulo se dirigió al lugar y allí donde señalaba la policía cavaba sin éxito.
Una de las veces, la vidente entró en trance y marcó el sitio donde según ella estaba el cuerpo de Marta. Los policías andaluces y vascos (seis agentes en total) cavaron y no encontraron nada. Se hacía de noche y regresaron a un hotel. A la mañana siguiente, volvieron a la finca, aunque esta vez hubo un problema más: se olvidó el péndulo y, con él, supuestamente la energía. Usó una bala de un agente con un colgante, pero sin éxito.
La vidente ha declarado en televisión que los familiares de estas personas acuden a ellos “no porque crean sino porque quieren una solución. La imagen la veo con la misma claridad que veo a cualquiera”. María José asegura que el don le vino poco tiempo antes de la muerte de su primer hijo. “El sentido de todo esto es muy diferente al dinero”.
La policía vasca lo desmiente

Toda la historia de la vidente de la Ertzaintza es falsa. De principio a fin. Fuentes oficiales del Departamento de Seguridad del Gobierno vasco y varios agentes de la Ertzaintza aseguraron a Gámez, independientemente, que ni ese cuerpo policial utiliza los servicios de videntes ni los recomienda, ni consta que ningún agente se haya desplazado a Sevilla con una adivina.
“Nunca se han utilizado médiums a nivel oficial, ni esa herramienta está entre las que se usamos en los protocolos de investigación”, ha explicado un ertzaina que hace tiempo había dicho que jamás recurrían a brujas, aunque es posible que algún agente lo haga a título particular. “Si una vidente me dice dónde está el cadáver que busco, la detengo directamente. Cuando se reciben llamadas anónimas de particulares que quieren colaborar en una investigación, aportan datos y mencionan haberlos sabido por medio de algún poder extrasensorial, se les da el mismo tratamiento que se a los locos: «Muchas gracias, señora, por su colaboración. Tendremos en cuenta su información». Seguidamente, se cuelga el teléfono, antes de que entre la risa”.
Ni un caso resuelto
Tal como continúa diciendo Luis Alfonso Gámez, ningún vidente ha ayudado nunca a ninguna Policía a esclarecer un crimen, a no ser que esté implicado en los hechos. A pesar de la creencia popular de que este tipo de ayudas pueden haber sido útiles alguna vez, no es así. Nunca los poderes de un adivino, radiestesista o médium han solucionado un asesinato, desaparición o secuestro. Jamás.
La supuesta ayuda de estos individuos no sirve para nada y, en el peor de los casos -si los agentes son crédulos-, puede hacer perder un tiempo precioso a los encargados de cualquier investigación siguiendo pistas inútiles.
Y recuerda el caso de Sylvia Browne, una vidente que anunció en 2004 en un programa de televisión que Amanda Berry, una joven desaparecida en 2003, estaba muerta. Sin embargo, la muchacha fue rescatada sana y salva el 7 de mayo de 2013 en Ohio después de diez años de cautiverio. La madre de Amanda, Louwana Miller, falleció en 2006 a causa de un fallo cardiaco y su familia dijo entonces que la revelación de la adivina había hecho que muriera con “el corazón roto”. Desaprensivos como Browne hacen negocio del terrible dolor que conlleva la muerte o desaparición de un ser querido y, cada vez que se les da cancha en un medio de comunicación, consiguen publicidad gratuita.
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